Las emociones, ¿amigas o enemigas?

Probablemente no te gusta sentir determinadas emociones.

Quizá no te gusta estar triste, o sentir dolor emocional ante una decepción. Es probable que no quieras sentir rencor durante mucho tiempo o el miedo que te paraliza ante una decisión importante. Pero… ¿esto es bueno o malo? ¿Qué opinas?

Nuestras emociones están ahí para cumplir una función. Y aunque no nos guste sentirlas en determinadas ocasiones podemos sacarles mucho partido si sabemos leerlas desde la “Inteligencia Emocional”.

¿Para qué sirve sentir envidia? Pues por ejemplo para descubrir que hay algo que tú tienes y que yo creo que no soy capaz de conseguir.

¿Y el rencor? Me indica que aún no he podido superar un asunto que causó un gran impacto negativo en mí. Necesito perdonar y liberarme o resolver la situación que me enfadó o dolió.

¿Cómo puedo aprender de mis miedos? El miedo me indica que no he encontrado los recursos necesarios para afrontar una situación con lo cual me quedo paralizado en espera de encontrar aquello que me falta.

¿Y la tristeza? Genera el espacio interior necesario para superar la pérdida que viví y sobreponerme a ella en el menor tiempo posible.

¿Cuál es la función adaptativa del enfado? Sin él no sabría cuando mis límites están siendo invadidos o cuando me piden más de lo que quiero dar.

 

Todas y cada una de nuestras emociones tienen una función adaptativa en nuestra vida. Puedo utilizar todo lo que siento para conocerme y gestionar mejor las situaciones que vivo. Por supuesto que estas mismas emociones pueden tener consecuencias no deseadas para mí si no sé de qué modo actúan sobre mí de un modo perjudicial pero esto es un tema que trataremos en otra entrada.

¡Seamos emocionalmente inteligentes!

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