,

La Autoestima, nuestra mejor defensa.

“Sólo si me siento valioso por ser como soy, puedo aceptarme, puedo ser auténtico, puedo ser verdadero”.
Jorge Bucay

¿Sabes para que sirve tener una sana autoestima?, ¿sabes cómo y cuándo se desarrolla?, ¿sabes cómo mejorarla?

En este post vamos a contestar a estas preguntas y algunas más. Comenzamos…

En primer lugar deberíamos definir qué es la Autoestima. Existen numerosas definiciones que son mucho más técnicas pero en términos “de andar por casa” podríamos decir que es algo así como un escudo protector. En la vida existen numerosos desafíos para los que un nivel sano de Autoestima nos evitara mucho malestar, inseguridad y gran pérdida de energía psíquica.

Aquí conviene matizar que las personas que nos rodean o determinadas situaciones no nos suben o bajan la autoestima. Ellas nos muestran cual es nuestro nivel de autoestima de modo que podamos trabajar para mejorarlo.

¿Cómo se desarrolla?, ¿cuándo se crea? Durante la infancia. De pequeños necesitamos tener cubiertas tres necesidades básicas para un correcto desarrollo de la Autoestima. Imagina que son tres vasos que deben ser llenados al 100%.

Nuestra familia debe garantizar de forma satisfactoria que nos sintamos Seguros (casa, calor, comida, límites saludables). Reconocidos (respetados, valorados) y Amados de forma incondicional (te quiero, hagas lo que hagas, aunque te regañe o ponga límites).

Si estas necesidades no han sido correctamente satisfechas cuando seamos adultos buscaremos compensarlas a través de los demás, el resultado es la dependencia, como puedes imaginar. Orientaremos nuestras conductas a recibir de los demás el amor, seguridad o reconocimiento que no obtuvimos de forma satisfactoria en la infancia. Pero el entorno nunca llenará estos tres “vasos” por más que lo intenten solo podemos hacerlo nosotros mismos, trabajando desde el interior.

Por lo tanto, ¿qué puedo hacer si detecto que mi Autoestima es mejorable? Pues elevarla. ¿Cómo? Como decía antes…desde dentro. Tenemos que darnos a nosotros mismos todo lo que nos faltó durante nuestro desarrollo. Necesitamos nuevos datos que confirmen que somos autosuficientes y capaces de darnos todo el amor incondicional, seguridad, respeto y valoración necesarios hasta que esos tres “vasos” estén llenos a rebosar.

El mejor modo de hacerlo es a través del pensamiento. Observa tu diálogo interno, sobre todo en las situaciones en que tu nivel de Autoestima se pone a prueba. Por ejemplo, observa que te dices cuando comentes un error, escúchate. ¿Cómo te hablas?, ¿quizá te equiquetes (¡que torpe eres!) o generalices (¡siempre igual!), o magnifiques (¡esto va a ser terrible!)? Detecta todas las distorsiones cognitivas que cometes y cámbialas por frases más realistas. A fin de cuentas, se trata de que construyas un Autoconcepto más objetivo, sabiendo detectar todo lo “bueno” que hay en ti, y reconociendo también lo mejorable, desde la confianza en ti mismo para cambiar todo aquello que desees mejorar.

No es complicado solo requiere de atención, confianza y perseverancia. ¿Te animas a mejorar tu escudo protector?

 

Por qué nos cuesta tanto decir NO con una sonrisa

Probablemente dirás, “depende”. Pues claro, depende de tu estado emocional, del momento, de la persona, de la situación, de la confianza hacia el otro y un millón de cosas más.

Vamos a encuadrar la situación un poco más.

El otro día estaba desayunando con una compañera de trabajo en una terraza del centro de mi ciudad. Es un lugar con mucho paso donde suelen aparecer bastantes personas pidiendo dinero. La tercera persona que se acercó a nuestra mesa con esa intención era una anciana de etnia gitana con unas ramas de romero en la mano. Nos pidió dinero, yo le di una moneda pero al parecer no le pareció suficiente, me dijo que eso era poco, nos dejó un par de ramas de romero en la mesa y me dijo que le diera mi mano, que me la iba a leer. Bueno, realmente me dijo bastantes cosas más; que me habían echado un mal de ojo hace tres años y que ella me lo podía quitar, que me iban a dar una sorpresa dentro de poco tiempo, en fin…lo típico.

Piensa un poco en esta escena, visualízala. Ella está de pie junto a la mesa, nosotras sentadas. Su actitud transmite la intención de no marcharse, parece determinada a cumplir su objetivo. Nos pide de forma vehemente la mano para leérnosla, a mi compañera y a mí.

¿Cómo habrías reaccionado en un momento así?

Es probable que muchos de nosotros nos sintamos violentados en una situación como esa. Nuestros límites están siendo invadidos, se produce una situación que no deseo y es probable que no tenga muy claro cómo solucionar.

La herramienta estrella para este tipo de situaciones se llama ASERTIVIDAD y podemos decir que es el punto intermedio entre la SUMISIÓN y la AGRESIVIDAD.

La Asertividad está basada en un valor, el RESPETO. Pero no tan solo a nivel conductual o como norma social, sino también a nivel de sentimiento, es decir, SIENTO RESPETO, hacia mí y hacia los demás. Este valor, el respeto, aplicado a las relaciones interpersonales nos vuelve muy eficaces a la hora de resolver situaciones como la invasión de nuestros límites personales, al hacer peticiones de cambio de conducta, cuando quiero decir NO, frente a la agresividad de los demás y un largo etcétera.

El respeto nace de la VALORACIÓN, es decir, respeto aquello que es valioso para mi. Si me considero una persona valiosa me resulta muy sencillo respetarme (por lo tanto no haré nada que pueda dañarme), por otro lado, si considero valioso al otro lo respetaré, no haré nada que pueda hacerle daño y por supuesto no voy a permitir que el otro me dañe a mi, porque me respeto, claro.

Volvamos a nuestra señora, tengo claro que no voy a darle mi mano para que me la lea, tengo claro que no voy a darle más dinero del que ya le di. Deseo que se marche y por supuesto, como la respeto, y como la considero un ser humano tan valioso como yo no voy a mostrar una conducta agresiva hacia ella, puedo estar molesta pero no tengo por qué utilizar un tono agresivo, eso siempre lo puedo controlar.

¿Crees que es lo mismo ser agresivo que ser firme?, ¿se puede adoptar una postura firme y amable a la vez? Prueba a decir NO con firmeza y amabilidad, por ejemplo con una sonrisa que indica tu respeto mas profundo hacia el otro.

Di NO, mirando a los ojos, con una firmeza en tu mirada que no deja lugar a dudas y que indica “mi NO es rotundo, no voy a cambiar de opinión” y observa lo que pasa.

Tags:Asertividad, inteligencia emocional, Respeto

,

La importancia de educar para una sana Autoestima

Hasta que no te valores a tí mismo, no valorarás tu tiempo. Hasta que no valores tu tiempo, no harás nada con él (M. Scott Peck)

En un post anterior os hablábamos de la importancia que tiene adquirir las habilidades de la Inteligencia Emocional en los Centros Educativos. Y hoy queremos en concreto hablar de la importancia que tiene la Autoestima en el desarrollo de nuestros pequeños.

¿Sabes qué es la Autoestima? ¿Sabes en qué periodo de nuestra vida se desarrolla y cómo? La Autoestima es una de las competencias estrella que tratamos en la formación en Inteligencia Emocional ya que lo inunda todo: nuestros pensamientos, nuestras reacciones, nuestra relación con los demás,…

Seguro que casi todos nosotros sabemos identificar los efectos de una baja Autoestima en nosotros mismos y también en los demás, pero, ¿cuántos de nosotros sabemos qué hacer para elevarla y sanarla?

Más allá del tan utilizado consejo “tú lo que tienes que hacer es quererte más”…, pero vamos a ver, ¡¿eso cómo se hace?! ,¿lo decido y ya?, suena complicado ¿verdad?

Todas estas consideraciones requieren de un análisis profundo y de aprender, como si de un idioma se tratara, qué es exactamente la Autoestima, cómo influye en mi vida, y cómo elevarla. La autoestima no es estática, podemos elevarla; no es difícil, sólo hay que saber cómo.

Pero hoy no hablaremos sobre nuestra propia Autoestima; vamos a analizar otro aspecto importante a tener en cuenta y que tiene que ver con nuestra responsabilidad:

¿Eres padre o madre? ¿Tienes sobrinos, nietos, primos pequeños, eres profesor o de algún modo te relacionas con menores? Entonces es importante que sepas que la Autoestima se desarrolla durante la infancia. Con lo cual, se hace necesario tener conocimientos y adquirir competencias relacionadas con ella, de modo que sepamos reforzar la Autoestima de los menores que nos rodean. Ellos van a construir su propia Autoestima en función de los estímulos del entorno, necesitan sentirse valorados, respetados, amados de forma incondicional, seguros, necesitan coherencia de parte de los adultos que los rodean.

Piensa en esto: si tienes hijos por ejemplo, ¿cómo te gustaría que fueran en su edad adulta?, ¿quizá personas íntegras, que orientan sus acciones desde valores saludables, con poder personal, seguros de sí mismos, que confían en sus capacidades para conseguir lo que desean?, y como resultado de todo esto…¿felices?

Si es así, ¿qué estás haciendo tú ahora para que ellos sean así en el futuro?

Es primordial que conozcamos el modo de reforzar la Autoestima de los menores para evitar dependencias en el futuro ya que todas las carencias que tengan durante su desarrollo se convertirán en dependencias externas en la edad adulta, hasta que ellos mismos decidan elevarla, igual que tú mismo podrías hacerlo con la tuya si ese es tu deseo.

¡Feliz fin de semana!

 

 

 

, ,

Inteligencia emocional en educación: 3 motivos imprescindibles

¿Por qué es tan importante la Inteligencia emocional en la educación?

“Nuestro trabajo no es endurecer a nuestros niños para hacer frente a un mundo cruel y despiadado.

Nuestro trabajo es criar niños que van a hacer el mundo menos cruel y despiadado”

L.R.Knost

inteligencia emocional en la educación

Inteligencia emocional en la educación

En los últimos años, el término Inteligencia Emocional se ha hecho muy popular a todos los niveles y el mundo educativo no es una excepción.

Desde que el famoso Daniel Goleman popularizó el término en los años 90 se ha escrito mucho acerca de ella, acercando a todo tipo de público la idea de que reconocer, nombrar y gestionar nuestras emociones y las de los demás crea valor en la sociedad.

Por otro lado, he llegado a leer artículos que previenen sobre el hecho de enseñar Inteligencia Emocional en las escuelas frente al posible “riesgo” de crear un regimiento de niños “manipuladores” que utilicen las “armas” de la Inteligencia  Emocional para su propio beneficio sin contemplar el hecho de que las personas emocionalmente inteligentes son menos vulnerables a los intentos de manipulación.

En cualquier caso, he podido comprobar cómo en el mundo de la educación la Inteligencia Emocional ha vivido un auge importante. Cada vez más docentes emplean recursos y habilidades de la I.E. en sus aulas con resultados extraordinarios. Por eso he querido resumir algunas de las utilidades principales que esta disciplina está aportando ya en las aulas:

  • En primer lugar quisiera aclarar que la gestión de las emociones no es lo único que la Inteligencia Emocional puede aportar. Esto es solo una pequeña parte. Cuando hablamos de “hacer inteligente a la emoción” podríamos decir que lo que pretende esta habilidad es utilizar nuestro intelecto o parte racional para sacar todo el rendimiento posible a nuestro amplio mundo emocional y de este modo utilizar nuestras emociones para lo que son, como señales que nos dan información de vital importancia y nos apoyan a la hora de tomar decisiones.
  • Las habilidades y recursos que nos aporta la inteligencia emocional abarcan áreas como Autoconocimiento, Automotivación, Autoestima, Asertividad, Proactividad, Empatía, Comunicación, Liderazgo, Talento, Creatividad y  Conciencia Social, entre otras.
  • Por todo ello podríamos decir que esta habilidad de desarrollo personal posee una amplia gama de diferentes recursos para aplicar y potenciar dentro del  sistema educativo.

Probablemente muchos docentes ya aplican la Inteligencia Emocional en la educación ya sea de forma natural o aprendida pero para aquellos que quieran profundizar un poco más en los beneficios que la Inteligencia Emocional puede aportar explicaré en próximas entradas los aspectos más prácticos de emplear estas habilidades con los alumnos de cualquier edad.

Para ello es imprescindible que el docente sea Emocionalmente Inteligente, por lo tanto la primera pregunta sería… ¿sabes poner nombre a lo que sientes en cada situación?, más aun, ¿sabes cuántas emociones diferentes están interviniendo en una situación determinada o si una emoción está ocultando alguna otra? Es imprescindible saber leer nuestras propias emociones antes de leer las de los demás sobre todo si queremos apoyar a nuestros alumnos para que ellos aprendan a hacerlo también. Pero esto es sólo una pequeña parte. Te propongo que me acompañes a descubrir el maravilloso mundo de la inteligencia emocional.

¿Te apuntas?

,

Autoconocimiento: ¿cuánto te conoces, o crees que te conoces? :-)

Hoy hablamos del Autoconocimiento, una herramienta primordial que nos ofrece la Inteligencia Emocional, imprescindible para nuestro desarrollo personal.

“Comprender quién eres realmente es mucho más importante que perseguir aquello que “deberías ser”. ¿Por qué? Porque si comprendes lo que eres, empieza un proceso de transformación espontáneo, mientras que si tratas de convertirte en aquello que crees que deberías ser, no se produce ningún cambio, sino tan solo una continuación de lo viejo con una apariencia diferente”.

Jiddu Krishnamurti

Teniendo en cuenta que podríamos definir la Inteligencia Emocional como una herramienta de desarrollo personal orientada al bienestar, la pregunta sería, ¿cómo es posible entonces adquirir más bienestar en mi vida a través de ella?.

La Inteligencia Emocional podría dividirse en dos grandes áreas: Área Intrapersonal, es decir la relación que tengo conmigo mismo y Área Interpersonal, o lo que es lo mismo, mi relación con los demás.

Dentro del Área Intrapersonal también podríamos subdividir ya que la Inteligencia Emocional abarca mucho más que el conocimiento y la regulación de nuestras emociones. Podríamos hablar entonces de competencias como el Autoconocimiento, la Autorregulación o la Automotivación.

Hoy hablaremos acerca del Autoconocimiento, también llamado Conciencia de uno mismo. Primero, nos preguntaremos:

¿Qué concepto tienes acerca de tí mismo? ¿Tu “Idea del Yo” está cerca de tu “Yo Real?.

¿Cuál es tu nivel de Autoestima?.

¿Qué creencias componen tu Sistema de Creencias?. ¿Son todas ellas saludables o tienes creencias que te limitan?.

¿Qué valores te rigen? y ¿cuáles son los principales, es decir, tus Principios?.

¿Sabes hacia dónde vas?, ¿qué sentido das a tu vida?, ¿sientes que te estás autorrealizando?.

La respuesta a estas preguntas y algunas más las responderá nuestro nivel de Autoconocimiento. Es muy importante conocerse bien y elevar nuestra Autoestima en caso necesario ya que si no, mi Autorrealización será imposible.

Ahora bien, ¿qué necesito para conocerme más y mejor?

Puedo obtener información eficaz a través de mí, es decir, de mis experiencias, de mis emociones, de mis conductas…

También puedo conocerme mejor a través de los que me rodean; ellos pueden darme información muy eficaz desmintiendo o validando aquello que creo que sé de mí. Quizá pienso que soy una persona muy generosa pero mis amigos piensan que soy un “tacaño”. Pregunta a tu entorno para saber cómo te perciben ellos.

Mis emociones también me darán mucha información acerca de mí. Por ejemplo, si ante una situación me siento culpable puedo observar qué creencia (que suele estar oculta) me está indicando que debo sentirme así ante esa situación. Quizá me está indicando que la imagen que tengo acerca de mí mismo no se corresponde con mi Yo Real en este caso concreto. Esto me da la oportunidad de revisar dicha creencia y los resultados que tiene en mi vida. Así, si considero que me limita podré sustituirla por una creencia que me potencie.

Imagina que te sientes culpable porque tu madre te reprocha que no la visitas a menudo. ¿Qué creencia acerca de ser un “buen hijo” se activó en tí para que te sintieras culpable?. Aprovecha para revisarla y decide si te limita o te potencia. Tienes una fantástica oportunidad para averiguar si quieres cambiar tu creencia o revisar tu conducta.

Pero para poder aprovechar cada situación que vivo de forma que aumente mi Autoconocimiento debo desarrollar primero una capacidad fundamental: la Observación. Sin miedo, con coraje, honestidad y humildad. Cuanto más sepa acerca de mí mismo más fácil será que consiga aquello que deseo.

La inteligencia Emocional te va a dar muchos recursos para conseguirlo, te animo a que profundices en ella.

¡Feliz día!

 

Enfado: ¿cuándo está ocultando nuestro miedo?

 

Enfado. A veces oculta nuestro miedo… ¿Alguna vez te ha pasado esto? Piénsalo… Quizá en alguna ocasión “regañaste” a alguien a quien querías porque te comentó un problema de salud y le dijiste algo así como “¡Claro, si es que no te cuidas nada!”. O quizá, si tienes hijos, muchos de tus enfados surgen cuando observas en ellos conductas que podrían perjudicarles. En ambos casos,  te enfadas porque te preocupas, ¿verdad?, ¿te pasa esto a menudo?

Si quieres gestionar de forma eficaz tus emociones primero tienes que comprenderlas a fondo, comprender el proceso.

El psicólogo Leslie Greenberg en su libro “Emociones una guía interna” nos habla de emociones centrales y emociones secundarias. Podríamos decir que la emoción central de una situación con carga emocional es la emoción más importante, la principal. Sin embargo a menudo las emociones secundarias ocultan a la emoción central. La secundaria es la emoción más visible para nosotros pero si no atendemos a la emoción central nos va a resultar complicado comprender lo que nos está pasando y por lo tanto, gestionarlo de forma eficaz.

Cuando yo descubrí esto y empecé a observarme comprendí cosas muy interesantes sobre mí. Por ejemplo, cuando estaba al volante y otro conductor cometía alguna imprudencia veía que me enfadaba porque me asustaba. Yo veía en mí el enfado que me llevaba a pensar y a decir “de todo” al otro pero no atendía al miedo que acababa de pasar, ¡ni siquiera era consciente de él! Cuando comprendí esto y comencé a centrar mi atención en el miedo y a gestionarlo diciéndome cosas para bajar la carga emocional en lugar de regodearme en mi enfado, la emoción secundaria ya no era tan intensa. En algunos casos ni siquiera aparecía.

Pensemos en estas dos emociones básicas, el miedo y el enfado. La emoción de enfado es muy fácil de identificar por las sensaciones y pensamientos asociados a ella. La energía propia del enfado se percibe fácilmente. Sin embargo, identificar el miedo no es tan sencillo. Ese es uno de los motivos que dificultan su gestión.

¿Sabes por qué nos cuesta más identificar el miedo que otras emociones? Pues hay varios motivos. Uno de ellos son los prejuicios asociados a esta emoción. Si de forma consciente o inconsciente crees que sentir miedo es de “cobardes”, de “débiles”, si sentir miedo atenta de algún modo contra tu autoimagen no lo vas a detectar, permanecerá oculto. Sin embargo, el miedo te ofrece una valiosa información. Te cuenta que crees que no tienes recursos para abordar una situación, por eso te paraliza, para que los busques. Si no ves al miedo interviniendo en una situación te perderás la oportunidad de buscar los recursos internos o externos que necesitas.

A nivel energético o sensorial tampoco es fácil de detectar, es una de las  emociones básicas más sutiles diría yo, sobre todo si no es un miedo muy evidente o socialmente reconocido. Y como decíamos antes, a menudo lo ocultamos tras otras emociones o quizá solo vemos la emoción secundaria que aparece como consecuencia de la primera.

La forma más sencilla de “pillarlo” es escuchando lo que nos decimos. Nuestro discurso (interno o externo) puede indicarnos muy claramente que la emoción central de una situación es el miedo, o una de sus variables: la preocupación, que podríamos definir como miedos anticipados.

Seguro que en más de una ocasión has discutido con alguien importante para ti desde este binomio de emociones (miedo-enfado). Si el otro solo ve tu enfado va a reaccionar a él con ataque o defensa.  O es posible que, dependiendo de la situación, hasta se sienta dolido.

Sin embargo, si lo que muestras es tu emoción central es muy probable que tu interlocutor reaccione de forma diferente y la conversación de desarrollará de forma muy distinta también.

Por ejemplo, probablemente tu hijo no reaccione igual si le explicas que debes poner límite al uso de su teléfono móvil porque te preocupa ese hábito que si después de verle todo el día teléfono en mano te acercas a él hecho una furia,  le arrancas el teléfono de las manos y le dices que no volverá a verlo en una semana.

Tampoco reaccionará igual esa persona a la que aprecias si le manifiestas tu preocupación ante lo que consideras una actitud negligente respecto a su salud que si le echas la bronca porque, según tú, “no se cuida lo suficiente”. Quizá, en lugar de sentirse dolido comprende tu punto de vista.

El otro día, caminando por la calle, observé una escena interesante. Una niña de unos cuatro años había tropezado y caído al suelo. Sus padres, que estaban junto a ella reaccionaron de forma muy distinta. El padre le dijo con tono severo y visiblemente molesto “¿Ves? ¡Ya te dije que si no tenías cuidado te ibas a caer!” La madre en un tono más suave le dijo “Nada nada, no llores que ha sido una tontería, ¿ves? no te ha pasado nada”.

Es posible que los padres no hayan sido conscientes de su proceso emocional interno pero probablemente, tras unos instantes de  sorpresa, haya aparecido un leve miedo y quizá preocupación al ver a su hija caer al suelo,  por lo tanto reaccionarán con otras emociones asociadas a esta pero, ¿cuáles?

El padre reacciona desde el enfado, parece que pretende enseñar su hija a tener conductas más prudentes para que lo que ha sucedido no vuelva a pasar. Otra cosa muy diferente es que la niña esté preparada para aprender algo en ese momento preciso. Si está bloqueada por sus propias emociones, por ejemplo el miedo que pasó al caerse o el dolor que siente en su rodilla, el discurso de su padre quizá solo añada más carga emocional a la situación.

Por otro lado su madre reacciona restando importancia a la situación, posiblemente está preocupada por cómo se está sintiendo su hija pero al actuar así puede que la niña entienda que no merece llorar por algo “tan poco importante”. Cuando no legitimamos las emociones de nuestros hijos ellos entienden que sus emociones no son valiosas y comienzan a reprimirlas.

Evidentemente la intención de sus progenitores es la mejor, actúan desde el amor hacia su hija pero el amor y las buenas intenciones no garantizan una buena gestión de la situación, ni un buen resultado.

Nuestras reacciones “automatizadas” quizá no sean las más adecuadas para transformar la situación. A veces es mucho mejor parar un poco y actuar de forma consciente, quizá podemos preguntarnos, ¿cuál es mi objetivo en esta situación? Y a partir de ahí decidir cómo actuar ¿no crees?

Tags:, , , , ,

¿Para qué sirve la culpa? Puedes aprender a gestionarla

Si sabes para qué sirve la culpa, aprenderás a gestionarla.

Es de sentido común suponer que todas nuestras capacidades tienen un propósito saludable pero no siempre las utilizamos de forma saludable; la memoria, por ejemplo, puede hacer que apruebe un examen o potenciar una depresión, pero esto no convierte a la memoria en “buena” o “mala”.

Del mismo modo,  si tenemos la capacidad de sentir una emoción determinada será para algo, ¿no? Otra cuestión muy diferente es si sabemos utilizarlas y gestionarlas de forma saludable.

Emociones y sentimientos como la culpa, la envidia o los celos no son buenas o malas en sí mismas. Otra cuestión muy diferente es el impacto que tienen en nuestra vida. ¿Gestionas con eficacia este tipo de sentimientos?, ¿sabes “leer” lo que vienen a contarte?, ¿sabes sacarles “partido” o tienen el poder de complicarte la vida?

Para gestionar un estado emocional primero debemos comprenderlo en profundidad  y eso es lo que vamos a hacer hoy con el sentimiento de culpa.

Imagina que vas caminando por la calle, vas deprisa ya que llegas tarde a una cita cuando, sin querer, empujas a una persona mayor que cae al suelo. ¿Qué pasaría si en una situación como esa no se activase en tí automáticamente el sentimiento de culpa? Pues que probablemente  no intentarías reparar lo que hiciste ni aprenderías nada sobre la negligencia cometida.

Obviamente no todo el mundo se siente culpable frente a las mismas acciones. Esto nos indica que la culpa no tiene que ver con el acto cometido sino con el juicio que hacemos sobre el mismo. Si juzgas negativamente tu acción la culpa te avisará de que “te saltaste una norma” de tu Sistema de Creencias. Este Sistema de Creencias es subjetivo y se nutre de nuestras propias experiencias así como de las normas sociales y familiares que nuestro entorno introyectó en nosotros a lo largo de los años.

Todos tenemos un “Libro interno” donde está escrito lo que creemos acerca de nosotros y el mundo que nos rodea. Cada vez que incumplimos una norma “escrita” en este libro se activará nuestro “Pepito Grillo”, esa vocecilla interna que comenzará a decirnos cosas como “¿ves?, ya volviste a liarla, ¡siempre te pasa igual!” o cosas por el estilo.
Estos pensamientos tienen un tono, un “color”, unos mensajes determinados. Hablaremos en otra ocasión sobre la gestión de esos pensamientos, porque a veces este “Pepito Grillo” es tan severo, tan autoritario, tan exigente, tan inflexible, que lo que menos facilita es el aprendizaje.

Volviendo a la culpa, ¿para qué crees que sirve entonces? ¡Exacto! Para informarte de que te saltaste una norma de tu sistema individual (y a menudo inconsciente) de creencias. Esto es una fantástica oportunidad para revisarlo, ya que nuestras creencias no siempre nos potencian, a veces nos limitan, ¡y mucho!

Imagina, por ejemplo que te sientes culpable porque dijiste NO a la petición de un familiar. Quizá te pedían algo que no querías dar o hacer. Si detectas tu sentimiento de culpa aparece ante tí la oportunidad de revisar tus creencias al respecto. ¿Es posible que te consideres una “mala persona” por decir NO?, ¿Cuál es tu concepto de “mala persona”?, o ¿es que crees que tu negativa puede generar sufrimiento en el otro?, ¿cuánto confías en su capacidad para gestionar tu negativa? A lo mejor hasta descubres una creencia que te está limitando en algún aspecto.

Como puedes ver podemos sacar mucho partido al sentimiento de culpa si sabemos analizar de dónde procede, su significado más profundo. Así puedes decidir cómo actuar: reparando o modificando la acción cometida o revisando la creencia que activó tu sentimiento de culpa. Quizá quieras modificar algo respecto a esa creencia.

Observemos ahora un aspecto fundamental de cara a la gestión de la culpa.

Uno de los mayores problemas que ocasiona el sentimiento de culpa es cuando lo utilizamos como castigo por el error cometido. ¿Te ha pasado esto alguna vez?

Piensa en esto, si la función “técnica” de este sentimiento es avisarnos, lo más lógico es que actuemos en consecuencia y “apaguemos la luz” de la culpa lo antes posible ¿no? Entonces ¿por qué en ocasiones, no sabemos apagar esa luz y se mantiene encendida durante horas, días, meses o años?

Este proceso tiene su origen en una vieja creencia social que quizá no hemos revisado aún. La creencia de que “aprendemos con el sufrimiento” se pone de manifiesto, por ejemplo, en el paradigma de los castigos. “Voy a quitarte aquello que más te gusta así, aprenderás” o “¡Castigado cara a la pared! Así, sintiendo soledad y vergüenza vas a aprender a no repetir la acción”. La ciencia ya nos dice que aprendemos más a través de emociones como la curiosidad, el interés o la diversión. Con el miedo, la vergüenza o la soledad lo que vamos a aprender es a desarrollar mecanismos de defensa frente a estas emociones pero no a cambiar conductas.

Aquí debemos matizar que no es lo mismo un castigo que las consecuencias al no cumplimiento de las normas establecidas. Seguro que un jugador que es expulsado del partido después de cometer una serie de faltas no se siente “castigado”.

Volvamos a la culpa. Cuando la sientes sufres ¿verdad? Si se activa en tí la creencia inconsciente de que vas a aprender mediante el sufrimiento te quedarás en la “cárcel” de la culpa el tiempo suficiente como para “pagar” por el error cometido. El tiempo será el que tu juez interno estime necesario, por supuesto, en función de la gravedad del “delito” cometido. ¿Pero sabes que es lo más loco de todo esto? Pues que cuando sales de tu “cárcel de sufrimiento” ¡ya pagaste por el delito cometido! Con lo cual volverás a cometer una y otra vez el mismo error, no aprenderás absolutamente nada. La función de la culpa no es castigarnos sino informarnos.

¿No crees que sería mucho más eficaz utilizar toda esa energía desperdiciada y recanalizarla hacia el aprendizaje?

No es más que un cambio de visión. ¿Te atreves a cambiar? 🙂

(En el libro de Norberto Levy La Sabiduría de las Emociones, hay un capítulo dedicado a la culpa que te puede apoyar mucho)

¡Bienvenida tristeza! Cuando sabes utilizarla para lo que es

¿Sabes qué función cumple la tristeza? Es curioso, cuando hago esta pregunta en clase los alumnos suelen quedarse con cara de desconcierto, como bloqueados hasta que algún valiente dice: “¿para apreciar la alegría?”

No solemos pararnos a pensar qué utilidad tienen nuestras emociones, es mas, con frecuencia las vemos como un estorbo, sobre todo las emociones que menos nos gusta sentir, las mal llamadas “negativas”. A menudo las emociones nos hacen sentir vulnerables pero todas ellas cumplen una función fundamental para nuestro desarrollo y supervivencia. La lógica puede hacernos pensar que si están es porque tienen que estar ¿no crees?

tristezaHoy vamos a centrarnos en la tristeza. La tristeza es la emoción de la que antes nos gustaría despojarnos, esa es una de las razones por la que tanto nos cuesta hacerla nuestra “amiga”, pero como suceder con otras cosas deseamos cambiar, no puedes trascenderla si no la aceptas, es más, si no la aprecias.

Elisabeth Kübler-Ross decía que el sufrimiento es un REGALO pero, ¡Cuanto nos cuesta verlo así! ¿verdad? Más tarde abordaremos este asunto, de momento vamos a conocer un poco mejor a esta emoción que tan poco nos gusta sentir.

En primer lugar vamos a diferenciar la emoción del sentimiento. No es lo mismo sentir dolor emocional que sufrir. ¿Sabes cuál es la diferencia? La mente, el pensamiento.

Quizá con un ejemplo veas mejor la diferencia.

Hace algún tiempo, estaba comiendo con mi mejor amigo a la hora del almuerzo en nuestro lugar de trabajo. Teníamos hora y media para comer y solíamos comer juntos. En esa ocasión discutimos. Fue una discusión muy fuerte, yo no estaba acostumbrada a un trato semejante y mucho menos de una persona tan importante para mí. El, presa de un enfado monumental hacia mí del que yo no me sentía responsable me dijo cosas durísimas que probablemente no pensara, el caso es que llegó un momento de la conversación en que pensé que ya no podía seguir escuchando aquellas palabras tan duras así es que decidí levantarme y marcharme de allí. Era prácticamente la hora de volver al trabajo así es que me dirigí a la oficina que estaba a unos cinco minutos andando.

Imagina que eres tú el protagonista de esta escena. ¿Cómo te sentirías en un momento así?

Yo estaba muy dolida, sus palabras habían causado un gran impacto sobre mí. Sentía un gran dolor emocional, era casi como una puñalada en el corazón. Pero claro, voy hacia la oficina, lo último que yo querría es que alguien notara cómo me sentía, y por supuesto que no tenía la intención de dejarme llevar y ponerme a llorar en ese momento por lo tanto, ¿qué podría hacer? Pues intervenir en mi pensamiento para no alargar el estado emocional más de lo deseado.

Piénsalo, la situación ya estaba en el pasado (aunque fuera un pasado de dos minutos), solo voy a rescatarla del ahí si pienso en ella. Si tengo la suficiente disciplina mental como para no acceder a la situación la carga emocional bajará en pocos minutos. De hecho es lo que sucedió. Por supuesto no comencé a llorar por lo sucedido ya que no deseaba hacerlo en ese momento y conseguí pasar el resto de la tarde en un estado de serenidad que era el que yo quería mantener.

Sin embargo este ejercicio de gestión emocional no significaba para mí olvidar lo sucedido, ni mucho menos, por la noche en casa volví a rescatar la situación y ¿sabes qué?, pues que desde la calma y la perspectiva que te aportan esas horas de diferencia encuentras mucho más fácilmente una solución para conseguir que esta situación no vuelva a repetirse.

Con esta anécdota tan solo quería transmitirte la idea de que no es lo mismo el dolor emocional que podamos sentir ante una situación y el sufrimiento que aparece cuando empezamos a pensar en lo que pasó, a interpretar lo sucedido desde nuestro “mapa”, o a pensar en las consecuencias que tendrá el suceso.

No podemos intervenir en nuestras emociones, solo podemos identificarlas y aceptarlas, ¡que ya es bastante! Pero siempre podemos intervenir en nuestros sentimientos, a través del pensamiento.

Ahora volvamos a la doctora Kübler-Ross y su teoría de que sufrir es un regalo.

La emoción de tristeza está asociada a la perdida. Nos entristecemos cuando perdemos algo que es valioso para nosotros: una relación, una persona, un objeto, una creencia, un trabajo, una situación, etc.

¿Cómo está tu cuerpo cuando estás triste? Cansado, lento, un poco más torpe de lo habitual….Tu cuerpo te apoya en este momento, te despoja de tu energía para que seas capaz de reajustar tu vida tras la pérdida que acabas de vivir. La tristeza te dota físicamente de un “Refugio reflexivo” para que CREZCAS con la experiencia. Si, efectivamente, la tristeza sirve para CRECER.

Seguro que puedes rescatar de tu experiencia situaciones con las que inicialmente sentiste dolor pero que tras repetirse una y otra vez terminan por hacerte sentir indiferencia. Por ejemplo, imagina que eres un comercial y vas puerta por puerta ofreciendo un producto. Quizá la primera vez que alguien te dé con la puerta en las narices te duela pero si sabes crecer tras la situación muy probablemente después de poco tiempo el hecho de que te den con la puerta en las narices te deje indiferente. Seguro que no sufrimos igual la primera vez que nos decepciona la conducta de alguien que cuando te pasa por segunda vez.

Lamentablemente no todo el mundo aprovecha sus pérdidas para crecer. A veces la situación genera un trauma que no hace aumentar sus recursos sino disminuirlos pero seguro que todos conocemos personas que tras una situación treméndamente dolorosa en sus vidas experimentan Crecimiento Postraumático, de forma que crecen con la experiencia, sus recursos se multiplican e incluso dan un nuevo sentido a sus vidas. ¿Te suena Irene Villa por ejemplo?

Las pérdidas forman parte de nuestra vida y nos fortalecen si sabemos elaborarlas de forma saludable. Sería interesante que apoyásemos a nuestros hijos para que puedan comprobar el crecimiento experimentado tras cada pequeña pérdida además de legitimar su emoción para que no se avergüencen de sentirla pero este tema lo trataremos más detenidamente en otra entrada.

¿Qué es la empatía? Mucho más que ponerse en el lugar del otro

¿Qué es la empatía? Es mucho más que ponerse en el lugar del otro.

Si te interesa la Inteligencia Emocional estoy segura de que ya habrás leído un montón de artículos acerca de la capacidad de empatizar así que no voy a extenderme demasiado en definiciones o explicaciones acerca de ella.

Me gustaría centrarme más bien en los aspectos más prácticos de la empatía.

Para mí es la habilidad estrella dentro de las competencias interpersonales de la Inteligencia Emocional, podríamos decir que es la base. Si sabemos empatizar de verdad seremos mucho más hábiles a la hora de usar cualquier otra.

Suele decirse que empatizar es ponerse en la “piel” o en los “zapatos” de nuestro interlocutor; para mí es mucho más que eso.

Resulta sencillo pensar o imaginar cómo nos sentiríamos nosotros si fuésemos él/ella; y si además nuestra emoción o estado de ánimo en ese caso es parecido al suyo entonces le comprendemos. Esto no es empatía, es Simpatía. Y es muy fácil simpatizar.

Es mucho más complicado empatizar y a la vez muy sencillo si sabes cómo colocarte en estado “receptor de información”.

Empatizar es LEER.

Leer a dos niveles, intelectual y emocional. Es comprender en profundidad su mensaje y ser capaz de leer también sus emociones, las que muestra y las que oculta.

La biología nos apoya en esto. Gracias a nuestras neuronas espejo, tan importantes para el aprendizaje, si observas a otra persona manifestar una emoción, en tí se activarán las mismas áreas del cerebro que se activaron en él/ella.

Pero, ¿qué podría impedir que recibamos toda esta información? Básicamente dos cosas: nuestro mapa y/o nuestras propias emociones.

Quizá una situación que yo viví hace algún tiempo ilustre esto que te cuento:

Hace tiempo trabajaba en una gran multinacional. Estoy sentada frente a la directora del departamento en la reunión anual de revisión de objetivos. La directora se deshacía en alabanzas, “has cumplido tus objetivos de forma excelente, eres una trabajadora responsable, eficaz, contribuyes al buen ambiente laboral” y un sin fin de buenas palabras.

Tras escucharla y agradecerle sus palabras le comenté que quería aprovechar la ocasión para solicitarle reducción de jornada ya que consideraba que mi hija menor me necesitaba y nuestra jornada laboral era maratoniana. Ella cambió completamente su discurso; yo ya no era excelente, ni responsable, ni nada de eso; más bien ya no era nadie, y “nadie” iba a darle problemas. Se dirigía a mí con una gran carga emocional de enfado. El mensaje, además de poco respetuoso venía a decir algo así como “¿Pero tú quién te has creído que eres?”

¿Cómo crees que la empatía pudo ayudarme en una situación como esta?

Repasemos: para poder “Leerte” de forma completa y eficaz tengo que quitarme yo de en medio, es decir, no te puedo leer si mis miedos, mi enfado, mi mapa, mis juicios o cualquier otra cosa se interponen. Primero tengo que centrarme en tí, para, posteriormente, poder darte la respuesta más adecuada.

Al centrarme en ella pude observar las emociones que hacían que se comportara de ese modo. A simple vista estaba enfadada pero bajo su enfado estaba el miedo, miedo a las consecuencias, miedo a su jefa, miedo a su imagen. Y el miedo hacía que me atacase.

En esta ocasión yo decidí no atender a su enfado si no a su miedo y opté por ofrecerle seguridad, todas las seguridades que necesitó hasta que el enfado desapareció.

Finalmente la situación se resolvió de forma satisfactoria para mí pero además de esto yo aprendí muchísimo con la experiencia, aprendí de ella, de mí y de la naturaleza humana.

La empatía es extremadamente útil en nuestras relaciones con los demás, siempre que sepas empatizar sin dejarte arrastrar por la carga emocional del otro porque,  en ese caso, estaríamos hablando de contagio emocional.

Nos “contagiamos” de las emociones de los demás en función de varios factores, entre ellos nuestra sensibilidad o el tipo de relación que tengamos con el otro. Cuanta más cercana es la relación o más nos importe la otra persona más fácil será que sus emociones se nos “peguen”.

De esto también nos podemos proteger, de hecho resulta conveniente ya que si quiero apoyar al otro es bueno que sienta su emoción sin verme arrastrado por ella. Si entro en el mismo estado emocional en el que el otro se encuentra, ¿cómo voy a apoyarle? Este escudo protector frente al contagio emocional se llama CONFIANZA pero este es un tema del que hablaremos en otra ocasión.

¿Te animas a trabajar la empatía?

🙂

¿Cómo reaccionamos según nuestro nivel de Autoestima? Caso práctico

Nuestra autoestima es un cristal que llevamos constantemente frente a los ojos. Dependiendo de su nivel, el cristal tendrá uno u otro color, lo que significa que teñirá todas las situaciones que vivamos de éste color, distorsionando así nuestra manera de percibir las situaciones cotidianas que vivimos.

La Autoestima se construye desde nuestra primera infancia hasta nuestra adolescencia (si quieres saber más puedes ver nuestro post EDUCANDO PARA UNA SANA AUTOESTIMA).

Para entender éste concepto he querido compartir con vosotros un ejemplo práctico que lo ilustra de manera sencilla. Misma situación, tres autoestimas distintas, tres percepciones de la realidad completamente diferentes.

 

¿Cómo reaccionas según tu nivel de Autoestima?

Ángela, María y Daniel van a su ambulatorio local el mismo día. Ellos no se conocen de nada, y son personas muy distintas, pero van a vivir la misma situación. Son las 9 de la mañana, acaban de hacerse un análisis de sangre y están esperando la cola para que la administrativa les de los resguardos para recoger los resultados.

Ya en la cola, antes de que les toque el turno, observan que la expresión de la señora que les va a atender no es precisamente amable. Vamos a ver lo que se les pasa por la cabeza a cada uno:

María: Vaya, esa mujer no tiene buena cara. Me pregunto si estará bien.

Daniel: ¿Cómo? ¿La estúpida esa es la que me va a atender? Verás…que se atreva a mirarme a mí con esa cara, que se atreva que hoy la liamos aquí…

Ángela: Ay, no. Me voy, me voy de aquí. Es que necesito ese resguardo si quiero los resultados…pero esa mujer me da mucho miedo, ¿no hay otra que me pueda atender? ¡Socorro!

Llegan por fin a la ventanilla, y, efectivamente, la administrativa no les trata de la manera más correcta. Refunfuña, no les mira a la cara, y no utiliza las mejores palabras posibles. ¿Cómo reaccionará cada uno mientras les atiende?

María: Efectivamente, esta señora no debe estar pasándolo muy bien. Habrá dormido mal, posiblemente, o tendrá algún problema personal. Bueno, que me de mi resguardo y me voy a trabajar.

Daniel: Es que no me lo puedo creer. Estoy rojo de ira. Le voy a pedir una hoja de reclamaciones y le voy a poner una queja que se va a enterar. ¿Cómo se atreve a tratarme así? ¡A mi! Menuda asquerosa, amargada, me acaba de reventar el día, ya estoy cabreado hasta por la noche…

Ángela: Dios mío, estará pensando que soy la tía más idiota que ha visto es su vida, menuda cara de tonta estoy poniendo, por eso me habla así. Es que no me salen ni las palabras, no paro de tartamudear, ¡deja de tartamudear, estúpida, lo estás empeorando!

Ha quedado bastante claro que son personas muy distintas, con autoestimas muy distintas, pero, ¿cómo es realmente cada uno?

Ángela está muy insegura de sí misma, tiene baja autoestima. No se gusta nada, y por eso está segura de que no le puede gustar a nadie. Cree que si alguien la trata mal, es porque se lo merece. Está constantemente pendiente de lo que piensen de ella y la imagen que da, y le da muchísimas vueltas a las interacciones que haya tenido durante el día. Además, se habla muy mal a sí misma, ya que no se quiere.

Daniel se siente inseguro y poco válido porque no consiguió acabar sus estudios y tiene un trabajo que él considera mediocre. Tiene baja autoestima, por lo que tiene la necesidad de demostrar su valía constantemente, su orgullo y su altanería, es por eso que un trato incorrecto por parte de un externo le duele tanto y le hace enfadar. Lo siente como una humillación, aunque no sea así.

María, por el contrario, es una persona con sana autoestima. No se toma la situación como algo personal, sabe que no tiene nada que ver con ella, y eso le permite interesarse por la señora de la ventanilla y se pregunta qué le pasará. Se siente tranquila, confiada, le interesa la gente, por eso a veces se da cuenta de cuando alguien se siente mal y, si puede, le ayuda. No suele darle vueltas a las interacciones que ha tenido con los demás.

Como ves, nuestro nivel de autoestima determina nuestra forma de actuar en nuestro día a día. Y tú, ¿te conoces bien? ¿Sabes cuál es tu nivel de Autoestima?

¡Gracias por leernos! Y si te ha gustado, ¡comparte! 🙂