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Inteligencia emocional en educación: 3 motivos imprescindibles

¿Por qué es tan importante la Inteligencia emocional en la educación?

“Nuestro trabajo no es endurecer a nuestros niños para hacer frente a un mundo cruel y despiadado.

Nuestro trabajo es criar niños que van a hacer el mundo menos cruel y despiadado”

L.R.Knost

inteligencia emocional en la educación

Inteligencia emocional en la educación

En los últimos años, el término Inteligencia Emocional se ha hecho muy popular a todos los niveles y el mundo educativo no es una excepción.

Desde que el famoso Daniel Goleman popularizó el término en los años 90 se ha escrito mucho acerca de ella, acercando a todo tipo de público la idea de que reconocer, nombrar y gestionar nuestras emociones y las de los demás crea valor en la sociedad.

Por otro lado, he llegado a leer artículos que previenen sobre el hecho de enseñar Inteligencia Emocional en las escuelas frente al posible “riesgo” de crear un regimiento de niños “manipuladores” que utilicen las “armas” de la Inteligencia  Emocional para su propio beneficio sin contemplar el hecho de que las personas emocionalmente inteligentes son menos vulnerables a los intentos de manipulación.

En cualquier caso, he podido comprobar cómo en el mundo de la educación la Inteligencia Emocional ha vivido un auge importante. Cada vez más docentes emplean recursos y habilidades de la I.E. en sus aulas con resultados extraordinarios. Por eso he querido resumir algunas de las utilidades principales que esta disciplina está aportando ya en las aulas:

  • En primer lugar quisiera aclarar que la gestión de las emociones no es lo único que la Inteligencia Emocional puede aportar. Esto es solo una pequeña parte. Cuando hablamos de “hacer inteligente a la emoción” podríamos decir que lo que pretende esta habilidad es utilizar nuestro intelecto o parte racional para sacar todo el rendimiento posible a nuestro amplio mundo emocional y de este modo utilizar nuestras emociones para lo que son, como señales que nos dan información de vital importancia y nos apoyan a la hora de tomar decisiones.
  • Las habilidades y recursos que nos aporta la inteligencia emocional abarcan áreas como Autoconocimiento, Automotivación, Autoestima, Asertividad, Proactividad, Empatía, Comunicación, Liderazgo, Talento, Creatividad y  Conciencia Social, entre otras.
  • Por todo ello podríamos decir que esta habilidad de desarrollo personal posee una amplia gama de diferentes recursos para aplicar y potenciar dentro del  sistema educativo.

Probablemente muchos docentes ya aplican la Inteligencia Emocional en la educación ya sea de forma natural o aprendida pero para aquellos que quieran profundizar un poco más en los beneficios que la Inteligencia Emocional puede aportar explicaré en próximas entradas los aspectos más prácticos de emplear estas habilidades con los alumnos de cualquier edad.

Para ello es imprescindible que el docente sea Emocionalmente Inteligente, por lo tanto la primera pregunta sería… ¿sabes poner nombre a lo que sientes en cada situación?, más aun, ¿sabes cuántas emociones diferentes están interviniendo en una situación determinada o si una emoción está ocultando alguna otra? Es imprescindible saber leer nuestras propias emociones antes de leer las de los demás sobre todo si queremos apoyar a nuestros alumnos para que ellos aprendan a hacerlo también. Pero esto es sólo una pequeña parte. Te propongo que me acompañes a descubrir el maravilloso mundo de la inteligencia emocional.

¿Te apuntas?

La imaginación, una técnica genial para que los niños gestionen sus miedos

 

¿Cómo se relacionan la imaginación y nuestros miedos?

Lo reconozco: soy una persona con muchísimos miedos, y de diferentes tipos. El miedo es una de las emociones básicas más habituales (en CreaEmoción solemos hablar de seis emociones básicas: miedo, enfado, tristeza, alegría, asco y sorpresa), y más escurridizas también. Con esto me refiero a que no es nada fácil de identificar.

El miedo, como todas las emociones, tiene una función específica. Cuando sentimos miedo nuestro cuerpo reacciona, bien huyendo del peligro o bien atacando con una respuesta agresiva pero lo más habitual es que nos paralicemos frente a la “amenaza”. Esto ocurre desde que existe nuestra especie y, aunque los peligros han variado sobremanera, nuestras reacciones siguen siendo las mismas. Es curioso cómo ante miedos tan diferentes como “me va a comer ese león” o “me van a despedir del trabajo” nuestra especie sigue actuando de la misma manera: lucha o huida.

A los miedos, para poder gestionarlos, primero tenemos que identificarlos (TENGO MIEDO) y posteriormente, ponerles apellido (A QUE MI HIJO ESTÉ ENFERMO). Una vez hecho esto, su gestión se vuelve mucho más fácil.

Un factor importantísimo a tener en cuenta en la gestión del miedo es la imaginación y la creatividad. Normalmente, las personas en las que la imaginación figura entre sus principales talentos, suelen tener miedos aumentados, precisamente, por esa imaginación desbordante.

Un buen ejemplo de la utilidad de la imaginación en la gestión de los miedos es esta escena de la película Patch Adams

 

En el caso de los niños, los miedos son muchas veces de carácter evolutivo, es decir, miedos prop

 

ios de su evolución, de las diferentes etapas de la infancia.  Pero si hay algo que caracteriza a los niños es la imaginación desbordante y la creatividad innata. Conociendo esto tenemos una valiosa herramienta para apoyarles en la gestión y superación de sus miedos.

Recuerdo que hace bastantes años fui al cine a ver una película de terror. Estaba allí sentada pensando “¿Por qué estoy aquí? ¡Lo estoy pasando fatal!” y al final de la película, cuando iba a aparecer la escena más terrorífica, me tapé los ojos. Oía la escena, pero no la veía. Pues bien, en los días siguientes, mi cabeza no paraba de imaginar esa escena que no vi. Imaginaba cosas horribles, feísimas,… Además, soy una persona muy visual, por lo que las imágenes de la película me afectaron mucho. Finalmente, pasado un tiempo, y armándome de valor, vi la escena que no conseguí ver en el cine, y os puedo asegurar que era mucho menos terrible de lo que yo había imaginado…

Si, por ejemplo, mi hijo de 5 años tiene miedo a la oscuridad porque imagina que en ella hay unos monstruos terribles ¿qué puedo hacer para apoyarle? Por supuesto y principalmente, validamos su emoción y le tranquilizamos normalizando la situación. Y para apoyarle en la superación de ese miedo, podemos explicarle que, igual que los monstruos terribles son producto de su imaginación, ésta también puede crear cosas agradables que le ayuden a superar su miedo. Alguna pregunta tipo ¿Qué personajes agradables te gustaría que hubiera en ese pasillo oscuro? pueden ayudarle a crear situaciones en las que se sienta cómodo y protegido. Al fin y al cabo, es todo imaginado, y podemos crear situaciones imaginarias que nos apoyen en lugar de situaciones que nos generen malestar o miedo. Es una elección.

 

Otra cosa son los miedos basados en experiencias pasadas; si una niña de 8 años le tiene un miedo terrible a los perros porque cuando tenía 6 años le mordió uno, será absolutamente normal que si ve un perro (por pequeño, pacífico y poco amenazante que éste sea) huya despavorida. Estos miedos también se pueden trabajar, pero de manera diferente, aunque este tipo de miedos los trataremos en otro post con más detenimiento 🙂

Con estos ejemplos, os quería mostrar lo potente que es nuestra imaginación a la hora de agrandar los miedos, pero también a la hora de empequeñecerlos. Y esto, si se lo sabemos transmitir a nuestros niños, les empoderará muchísimo ya que tendrán en su mano una de las mejores herramientas para gestionar sus miedos.

¡Que tengáis un feliz día!

 

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Todo está en los libros

Hoy, muchas publicaciones digitales han dedicado sus post a los libros. Los libros como objeto, los libros recipientes y alas de nuestras ideas, libros como herramientas sociales… y es que ¡todo está en los libros!

En ellos yace la Humanidad, en ellos, a lo largo de toda su vasta Historia y donde quiera que posemos la mirada, se ve finamente condensada. Por ello, la literatura se nos muestra como una poderosa arma de aprendizaje: ese singular aprendizaje del que nos impregnamos, a partir de la no ejercida experiencia. Virtud y conocimiento reflejados en otras vidas imaginadas, tan vigentes y de aplicación tan real y tan directa, a nuestra vida concreta, que complementan nuestro desarrollo del comportamiento.

Y esto recibe una de sus más nítidas expresiones en la Inteligencia Emocional.  Encontramos en la literatura una fuente de inspiración donde la Empatía con el personaje y sus circunstancias nos permite reflejar todo el repertorio de emociones que el ser humano puede llegar a sentir. Para incidir sobre esta idea, hemos seleccionado este poema de R. Kipling –Carta a un hijo (If), cuya lectura consciente pronto advertirá de la sutileza con la que este padre aconseja a su hijo a través de los valores principales que conforman nuestra personalidad y nuestra forma de entender la vida. La demanda de ese durísimo compromiso consigo mismo a su hijo, conlleva la promesa de que cualquier sacrificio se verá recompensado con el sentimiento de Autorrealización; placer inigualable.

Queremos recomendar en especial la edición de Edelvives, una edición sumamente inteligente, que nos ofrece el poema original en su lengua materna, el inglés, y la traducción al castellano por José Manuel Gómez Luque, a lo largo de unas páginas acompañadas de maravillosas ilustraciones del italiano Mauro Evangelista, exquisitamente seleccionadas en sus temas, que enriquece sumamente la lectura y que nos conecta, a su vez, con otras muchas obras literarias clásicas. ¡Un placer para nuestros sentidos! Esta maravillosa obra, de densa esencia, que retrata una manera de vivir emocionalmente inteligente, puede ser disfrutada desde jóvenes a adultos y, sin duda, nos dará mucho que pensar. ¡Guardadla para cualquier momento de lectura reflexiva!

Esperamos que la saboreéis…

 

Carta a un Hijo (If)

Si puedes estar tranquilo cuando todos a tu alrededor

han perdido la cabeza y te culpan por ello,

si puedes confiar en ti mismo cuando todos dudan de ti

y, sin embargo, no desprecias sus dudas;

si puedes esperar sin que te canse la espera,

si te injurian y no respondes a la mentira,

si te odian y no cedes al odio,

y, aun así, no pareces demasiado bueno ni hablas como un sabio;

si puedes soñar, y no hacer de los sueños tu señor,

si puedes pensar, y no hacer del pensamiento tu meta,

si puedes encontrarte con el triunfo y la derrota

y tratar de la misma manera a esos dos impostores;

si puedes soportar escuchar la verdad que has dicho

distorsionada por granujas para engañar a tontos,

o ver cómo se destruyen las cosas por las que has dado la vida,

y agacharte y reconstruirlas con herramientas viejas;

si puedes poner en un montón todos tus triunfos

y arriesgarlo todo en un cara o cruz,

y perder, y empezar de nuevo desde el principio,

y no decir una palabra sobre lo que has perdido;

si puedes forzar tu corazón, nervios y tendones

a que te sirven cuando ya hace tiempo que se han gastado,

y resistir cuando no te quede nada

salvo la voluntad que dice: “Aguantad”;

si puedes hablar con las masas y mantenerte integro,

o pasear con reyes sin perder el sentido común,

si no pueden herirte ni los enemigos ni los buenos amigos,

si todos cuentan contigo, pero ninguno en exceso;

si puedes llenar el minuto implacable

con sesenta segundos que valgan la pena,

tuya es al Tierra y todo lo que hay en ella,

y -lo que, es más- ¡Serás un Hombre, hijo mío!

 

¡Feliz Día del Libro!

Nos encantaría que nos dijeseis qué os ha parecido y si observáis otros aspectos a destacar relacionados con la inteligencia emocional

¡Gracias!

 

 

Esta entrada ha sido escrita por nuestra colaboradora:

Luisa María Saldaña Puentes

¿Sabes estimular la Actitud Proactiva en tu hij@?

Un día, mi hija de diez años, me dijo a la salida del cole: “Mamá, no me gusta una cosa que hace mi profesora, dice las cosas que hacemos mal en voz alta para toda la clase y nosotros nos sentimos avergonzados”

¿Cómo habrías apoyado a tu hij@ en una situación como esta?

Vamos a analizar la situación desde el punto de vista de la Actitud Proactiva. ¿Sabes lo que es?

La Proactividad es un término que suele confundirse con otro tipo de actitudes como la valentía, la capacidad para hacer muchas cosas o tomar decisiones de forma decidida pero en realidad va mucho más allá.

Stephen Covey autor del libro “Los siete hábitos de la gente altamente efectiva” dice que la Proactividad está basada en dos valores, la LIBERTAD y la RESPONSABILIDAD. Libertad para elegir qué actitud quieres adoptar frente a lo que te sucede y por supuesto, asumir tu responsabilidad para hacerte cargo de tu propia vida, de no ceder el “mando” de tu vida a nadie. Cuando desarrollas esta actitud empiezan a desaparecer actitudes Reactivas o de “víctima”, desaparecerán las justificaciones, los “no puedo” o “soy incapaz” y por supuesto el Determinismo, “que le voy a hacer si yo soy así”.

Como imaginarás, si nuestros hijos aprenden a desarrollar esta actitud desde pequeños, o más bien, si no adquieren creencias reactivas como “yo no puedo hacer nada frente a lo que me pasa” esto los convertirá en adultos mucho más felices y satisfechos con su vida porque se sentirán poderosos, capaces de hacer que las cosas pasen. Las quejas desaparecerán.

Volvamos al caso que nos ocupa. Como yo quería aprovechar la oportunidad para que mi hija trabajara la Proactividad le pregunté: “¿y qué crees que podrías hacer al respecto?”

A ella se le ocurrieron un par de opciones, por un lado ir a hablar con la profesora y pedirle respetuosamente que no hiciera eso. Por otro, pedirle a la delegada de clase que hablase con ella en nombre de los alumnos. Como le tiene un poco de miedo a su profe os imaginaréis que escogió la segunda opción.

Pasó una semana y la delegada de clase no había hablado con la profesora así es que finalmente se armó de valor y la abordó en el recreo para hacerle su petición.

Mi hija me contó la conversación que habían mantenido al salir de clase, no era capaz de explicarme con mucho detalle cuales fueron las palabras exactas de la profesora, aunque sí recordaba perfectamente como se había sentido. Lo que más grabado quedó en su memoria era la actitud de su profesora. Me dijo: “Mama, no sé muy bien qué me decía, hablaba muy deprisa y no me miraba mientras hablaba. Me sentí tan mal que después de hablar con ella me fui al baño a llorar. Además, después del recreo empezó a decir a todos en tono de burla que hablaría sobre las correcciones en privado porque alguien de la clase había protestado”.

Fijaos en su discurso. Ella había hecho una lectura de fracaso respecto a la situación. Se sentía humillada y poco capaz de resolver sus problemas. ¿Cómo apoyar a nuestros hijos en una situación parecida? Es fundamental acompañarles para que encuentren una interpretación más adaptativa de la situación.

Os cuento lo que hice yo en este caso concreto.

Primero validé sus emociones. Por supuesto es normal que se sienta así frente lo que ha pasado. También la felicité por el coraje que había demostrado al enfrentar una situación que deseaba resolver. Después le pregunté: “¿Qué crees que te va a pasar la próxima vez que vayas a pedirle algo a tu profesora y ella no reaccione como esperabas?” A lo que ella contestó con una sonrisa “¡Pues que lloraré mucho menos!” Y finalmente le dije: “Dices que dijo a toda la clase en tono de burla que alguien había protestado y que por eso empezaría a reprender en privado.  Entonces, ¿crees que se ha cumplido tu objetivo?”. A ella le cambió la cara en ese momento. Se dio cuenta de que a pesar de que no había sido del modo en que ella esperaba, la profesora había tenido en cuenta su petición. De hecho, algunos días después me dijo: “Mamá, creo que ahora mi profesora me respeta un poco más que antes, cuando le digo algo me escucha con más atención”

Había encontrado una visión de la situación mucho más positiva que la anterior. Una visión que le indicaba que tenía poder para hacer que las cosas pasaran, aunque ella sea pequeña y la profe “grande”. Si no empezamos a cultivar esta actitud desde pequeños primero serán los profesores los “culpables” de lo que nos pasa, después los jefes, o los gobiernos y así hasta el infinito.

3 claves para apoyar a nuestros hijos cuando sienten tristeza (Caso práctico)

La tristeza suele ser la emoción de la que antes nos gustaría despojarnos por las características que la acompañan; pero la tristeza es necesaria, al igual que el resto de nuestras emociones.

La tristeza nos ofrece la oportunidad de crecer tras cada pérdida haciéndonos cada vez más fuertes, más autónomos, más independientes y con más recursos. Por ello no tiene ningún sentido que intentemos reprimirla o actuar como si no existiera; si hacemos esto la tristeza permanecerá oculta y tendrá otros efectos no deseados sobre nosotros. Resulta más conveniente aceptarla y trascenderla lo antes posible, saliendo fortalecidos tras la experiencia; creciendo, en definitiva, con la experiencia.

Pero, ¿a qué me refiero cuando hablo de “crecer con la experiencia”?. Con este caso práctico voy a ilustrar los pasos a seguir, de forma que te ayude a comprender mejor este concepto.

Cómo podemos apoyar a nuestros hijos en su tristeza

Hace ya algún tiempo me marchaba de viaje durante una semana para realizar una formación en otra localidad. Mi hija Lucía tenía nueve años por aquel entonces, ya habíamos hablado en familia sobre el viaje y ella no había mostrado ninguna emoción en particular pero la tarde anterior, estábamos en el coche cuando escucho en la parte de atrás un gemido casi imperceptible. Cuando miro la veo llorando bajito, disimuladamente, sin llamar la atención. Salimos del coche y le pregunté muy tranquilamente qué le sucedía. Me dijo que estaba muy triste porque yo me marchaba al día siguiente e iba a estar una semana sin verme.

Seguro que te ha pasado alguna vez que antes de despedirte de alguien a quien quieres ya estás triste, te estás anticipando al momento en que el otro ya no estará y le echarás en falta. A veces esta “tristeza a futuro” empaña nuestro presente, ¿verdad?

Como padres, nuestro instinto de protección hacía nuestros hijos puede “jugarnos una mala pasada” ya que podríamos intentar mitigar de algún modo su dolor quitándole importancia al hecho, intentando evitar a toda costa cualquier situación triste para ellos o actuando como si no pasara nada. En estos casos el niño puede pensar que su emoción no es legítima y se avergüence de sentirla, entonces aprenderá a ocultarla y más tarde a ocultársela a sí mismo tapándola con otras emociones, no querrá “verla” porque le hará sentir débil e inferior, por lo tanto se perderá la oportunidad de crecer con la experiencia.

¿Cómo habrías reaccionado en una situación así? Muchos padres, en ocasiones movidos por su propio sufrimiento al ver sufrir a sus hijos tienden a actuar precipitadamente, quizá dando soluciones para que dejen de llorar o quitando importancia a la situación pero esto no genera crecimiento. Ellos van a crecer cuando encuentren recursos para salir de su tristeza POR ELLOS MISMOS. Confía en ellos y en su capacidad para encontrarlos.

Entonces, ¿cómo podemos apoyar los padres? ¿Cómo acompañarles en el proceso para que los encuentren y crezcan con la experiencia? A continuación, y a través del ejemplo, te iré exponiendo las 3 claves para apoyar a nuestros hijos en estos procesos:

1: Validar su emoción; es decir, el niño debe sentir que su emoción es legítima, que es normal estar triste, eso les hará sentirse seguro y no avergonzarse por sentir. Esto es fundamental con todas las emociones. En próximas entradas hablaremos sobre cómo legitimar otras emociones como por ejemplo la envidia o los celos.

2: Ofrecer apoyo sin emitir juicios. ¿Qué crees que necesitaba mi hija en ese momento? ¡Exacto!, ¡has acertado! Pues sí, un abrazo. Cuando estamos tristes necesitamos comprensión y cercanía. Lo último que necesitamos son juicios. Cuando validas la emoción del otro y además le ofreces el apoyo de un abrazo es muy probable que empiece a sentirse mejor.

3: Acompañar y apoyar en la búsqueda de recursos propios. ¿Y ahora qué, lo dejamos ahí?, ¿qué opinas? Por supuesto que no, ahora nuestro hijo se siente comprendido y acompañado. Lo suficientemente seguro como para empezar a buscar la forma de salir de su tristeza. En este caso lo que yo le dije fue: “Comprendo que estés triste porque no estaré en casa durante varios días. Piensas que me vas a echar de menos ¿verdad? ¿Se te ocurre algo que puedas hacer para no echarme en falta durante estos días?”

¿En qué estado pensáis que estaba mientras pensaba? Ya no estaba triste ni mucho menos, había salido de su tristeza y estaba buscando recursos. ¡Y los encontró a la velocidad del rayo! En cuestión de segundos había encontrado algunos que le satisfacían como hablar conmigo por Skype por las noches o pedir a su padre si podría dormir con él mientras yo no estaba; esto último en concreto le hacía una ilusión tremenda 🙂 Ya se visualizaba por las noches, los dos en la cama hablando conmigo por Skype antes de dormir. Ahora ya no sólo no estaba triste, estaba feliz por haber encontrado recursos contra su tristeza. Ella aún no lo sabía pero estaba adoptando una postura Proactiva frente a su situación.

Finalmente, como siempre digo, lo importante no es el recurso. Pienso que no existe la forma “correcta” o “incorrecta” de hacer las cosas, eso son juicios de valor subjetivos. Para mí es mejor pensar en “lo que me funciona” o “lo que no me funciona” y Lucía, en este caso, consiguió salir de su experiencia fortalecida, sabiendo que es capaz de encontrar el modo de salir de su estado emocional por ella misma.

Y ¿qué necesitó de mí como madre? Pues cosas muy importantes, que confiase en ella y su proceso, cero juicios y por supuesto ofrecerle la seguridad que necesitaba para encontrar una solución por ella misma.

¡Feliz fin de semana!

Educando para una Sana Autoestima

¿Sabes que es la Autoestima? ¿Sabes en qué periodo de nuestra vida se desarrolla y cómo?

Seguro que casi todos nosotros sabemos identificar los efectos de una baja Autoestima en nosotros mismos y también en los demás, pero, ¿cuántos de nosotros sabemos qué hacer para elevarla?

Más allá del tan utilizado consejo “tú lo que tienes que hacer es quererte más”…, pero vamos a ver, ¡¿eso cómo se hace?! ,¿lo decido y ya?, suena complicado ¿verdad?

Todas estas consideraciones requieren de un análisis profundo y de aprender, como si de un idioma se tratara, qué es exactamente la Autoestima, cómo influye en mi vida, y cómo elevarla. La autoestima no es estática, podemos elevarla, no es difícil, solo hay que saber cómo.

Pero hoy no hablaremos sobre nuestra propia Autoestima, vamos a analizar otro aspecto importante a tener en cuenta y tiene que ver con nuestra responsabilidad.

¿Eres padre o madre? ¿Tienes sobrinos, nietos, primos pequeños, eres profesor o de algún modo te relacionas con menores? Entonces es importante que sepas que la Autoestima se desarrolla durante la infancia. Con lo cual, se hace necesario tener conocimientos y adquirir competencias relacionadas con ella, de modo que sepamos reforzar la Autoestima de los menores que nos rodean. Ellos van a construir su propia Autoestima en función de los estímulos del entorno, necesitan sentirse valorados, respetados, amados de forma incondicional, seguros, necesitan coherencia de parte de los adultos que los rodean.

Piensa en esto, si tienes hijos por ejemplo, ¿cómo te gustaría que fueran en su edad adulta?, ¿quizá personas íntegras, que orientan sus acciones desde valores saludables, con poder personal, seguros de sí mismos, que confían en sus capacidades para conseguir lo que desean?, y como resultado de todo esto…¿felices?

Si es así, ¿qué estás haciendo tú ahora para que ellos sean así en el futuro?

Es primordial que conozcamos el modo de reforzar la Autoestima de los menores para evitar dependencias en el futuro ya que todas las carencias que tengan durante su desarrollo se convertirán en dependencias externas en la edad adulta, hasta que ellos mismos decidan elevarla, igual que tú mismo podrías hacerlo con la tuya si ese es tu deseo.

Te invito a nuestro próximo taller “Educando para una Sana Autoestima”.

Durante un par de horas veremos cómo se desarrolla la Autoestima, algunas falsas creencias acerca de ella que suelen confundirnos y sobre todo cómo apoyar a los menores para que dispongan de este fantástico recurso, que se convertirá en un escudo protector durante toda su vida.

Tags:adolescentes, Alcalá de Henares, autoestima, educación, inteligencia emocional, niños, taller