¿Sabes que es “gestión emocional”?

“Toda emoción nos aporta información importante, por lo que es crucial que aprendamos a evitar el miedo a sentir cualquier emoción”

Jeanne Segal

Uno de los términos que más utilizados cuando hablamos de Inteligencia Emocional es el de “Gestión Emocional”, es decir, gestionar nuestras emociones. Pero, ¿cómo se hace esto?, ¿qué necesito para hacer una correcta gestión mis emociones?.

Antes de nada deberíamos matizar es que no es lo mismo “sentir” una emoción que “manifestar” una emoción. Por ejemplo, no es lo mismo estar enfadado que ser agresivo, no es lo mismo estar triste que llorar. No es posible que controlemos aquello que sentimos, la emoción surge y lo mejor es aceptarla pero siempre podemos aprender a controlar cómo la manifestaremos.

Para empezar a gestionar nuestras emociones primero debemos ponerles nombre. Esto no es tan sencillo como puede parecer, por ejemplo, mi mejor amigo me reprocha por algo que hice pero yo considero que hice lo correcto ¿cómo me siento?, ¿me siento frustrado (enfado) o decepcionado (tristeza)? Para poner nombre a las emociones puedo observar mi cuerpo, la manifestación física de cada emoción tiene unas características particulares. Por ejemplo, siguiendo con el caso anterior, si presto atención a mi cuerpo puedo sentir la energía propia del enfado por lo que considero una injusticia o la pesadez corporal o abatimiento propio de la decepción por lo que mi amigo acaba de manifestar, en ese caso estoy triste y necesito tiempo para recuperarme.

Cuando nos acostumbramos a estar en contacto con lo que sentimos y somos capaces de ponerle nombre estamos preparados para empezar a gestionarlas.

Es importante que sepamos que gestionar no es controlar ni reprimir, eso es todo lo contrario a gestionar y los resultados pueden ser muy problemáticos.

Gestionar es reconocer y elegir cómo voy a manifestar esa emoción. Gestionar es también observar e intervenir en los pensamientos asociados a las emociones para así evitar que una emoción se alargue en el tiempo convirtiéndose en estado emocional o generando sentimientos más duraderos.

El origen de nuestras emociones así como su clasificación también es fundamental a la hora de hacer gestión emocional. Me explico:

El origen de que yo sienta una determinada emoción frente a un estímulo puede seradaptativo o desadaptativo.

Entendemos como adaptativo o saludable el hecho de sentir una determinada emoción como respuesta a un estímulo para mi supervivencia. Las emociones están “instaladas” en nosotros para nuestra supervivencia. Por ejemplo, es posible que sienta miedo frente a un coche que se acerca a mí a toda velocidad y esto me impulse a correr para protegerme del peligro.

Por otro lado decimos que una emoción tiene origen desadaptativo o no saludable cuando mi respuesta está condicionada por mi pasado, por mi histórico vital, y no es una respuesta sana u “objetiva” al estímulo como en el caso anterior. Por ejemplo, si mi jefe comienza a gritar en medio de una reunión y yo siento miedo porque en casa uno de mis progenitores educaba con gritos. Es posible que frente a ese estímulo otra persona sienta enfado y otra, indiferencia.

Por otro lado podríamos decir que las consecuencias de manifestar nuestras emociones de un modo determinado también podrían ser adaptativas o desadaptativas en función del resultado que obtengamos. Por ejemplo, si hablásemos acerca de la forma más saludable de manifestar la emoción de enfado la herramienta “estrella” sería La Asertividad, ¿sabes lo que es? Hablaremos más profundamente sobre ella en otro post, el caso es que si no sabemos utilizarla cuando estamos enfadados las consecuencias de manifestar esta emoción de una forma descontrolada pueden traernos muchos problemas ¿verdad?

Por último, otra clasificación de nuestras emociones sería su carácter primario o secundario. ¿Qué significa esto?

La emoción primaria, como su nombre indica, es la primera que siento frente a una situación. Sin embargo, en muchas situaciones no vemos esta primera emoción sino la siguiente o siguientes. Esto es más habitual de lo que pueda parecer.

Te pongo un ejemplo:

Imagina que alguien importante para ti, a quien aprecias de verdad manifiesta desprecio frente a un comentario tuyo. Quizá tu primera emoción fue de dolor emocional por su comentario sin embargo a continuación te enfadas, ya sea por los pensamientos que acuden a continuación o por la vulnerabilidad que le produjo sentir ese dolor. Es habitual que las emociones secundarias tapen a la central pero tengo que ver, y atender a todas ellas para beneficiarme de la información que me aportan.

Cuando somos capaces de ver todas las emociones que intervienen en una situación y las características de cada una de ellas podemos hacer una correcta gestión emocional.

El paso siguiente sería elegir entre al amplio abanico de herramientas a nuestra disposición para reaccionar a las situaciones que vivimos del modo más saludable.

¿Qué te parece todo esto?, ¿fácil o difícil?

Existe una herramienta fantástica para la gestión de nuestras emociones, se llama Diario Emocional.

Consiste en realizar un pequeño autorregistro que refleje un hecho con carga emocional y, a continuación, indicar las emociones que han aparecido (primarias y secundarias), pensamientos asociados, y lo que hice o desee hacer frente a la misma. Por último una pequeña reflexión acerca de lo que me aportó la experiencia.

Después de practicar en un par de ocasiones este ejercicio por escrito terminarás por hacerlo de forma automática, eso te permitirá sacar “jugo” a cada cosa que te pase. Además, ten en cuenta que el simple hecho de prestar atención a lo que está pasando ayuda a bajar la carga emocional.

Si quieres profundizar en gestión emocional te recomiendo el libro de Leslie Greenberg “Emociones una guía interna”.

La gestión emocional es una práctica que genera grandes beneficios, lo notarás inmediatamente. Compruébalo tú mismo.

 

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